jueves, 9 de julio de 2020

La justicia europea señala que los pactos sobre cláusulas suelo pueden anularse si el banco no informó bien

Los jueces de Luxemburgo fallan que sean los magistrados españoles quienes decidan en cada caso si el cliente tuvo capacidad de influir al negocio
Las renovaciones de cláusulas suelo en los contratos hipotecarios son legales, pero solo cuando el cliente estaba bien informado, comprendía lo que firmaba y tuvo capacidad de influir en la renegociación de esa disposición abusiva en su préstamo. Es lo que ha señalado este jueves el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en un fallo que abre la puerta a que en adelante los jueces españoles decidan caso por caso si esas condiciones se cumplieron cuando el banco y el cliente firmaron una novación. De lo contrario, dice la sentencia, el juzgado puede anular esa cláusula. Y es contrario a la legislación europea de protección del consumidor que esos acuerdos incluyeran la renuncia de las partes a presentar reclamaciones judiciales futuras por las nuevas condiciones de la hipoteca.

Nuevamente un veredicto del tribunal de Luxemburgo obliga a volver la vista atrás a la burbuja inmobiliaria de principios de siglo y a los años de la Gran Recesión. En aquel tiempo, la presencia de cláusulas suelo en las hipotecas era frecuente. Estas disponían un límite por debajo del cual un préstamo variable no podía abaratarse más. Muchos clientes ni se dieron cuenta hasta que, con el estallido de la crisis, vieron que el euríbor bajaba pero las letras de la hipoteca no lo hacían. Recurrieron en cientos de miles de casos y el Tribunal Supremo dijo en 2013 que las cláusulas suelo eran abusivas pero no se podía reclamar con retroactividad. El TJUE enmendó ese fallo, señalando que los clientes también podían reclamar cantidades anteriores a 2013, pero entre medias aparecieron las llamadas novaciones. Esos acuerdos sustituían la cláusula abusiva por una nueva disposición. A cambio, señalaban que el consumidor renunciaba a emprender acciones judiciales tanto por la cláusula antigua como por la nueva. Para las entidades era una forma de blindarse ante posibles reclamaciones si, como pasó finalmente en 2016, la justicia europea variaba el criterio del Supremo.

En principio, y como ya señalaron las conclusiones del Abogado General a principios de este año, el TJUE no tiene nada en contra de esos pactos novatorios. La sentencia señala que la legislación europea "no se opone a que una cláusula de un contrato celebrado entre un profesional y un consumidor, cuyo carácter abusivo puede ser declarado judicialmente, pueda ser objeto de un contrato de novación entre ese profesional y ese consumidor, mediante el cual este último renuncia a los efectos que pudieran derivarse de la declaración del carácter abusivo de esa cláusula". Es decir, las novaciones son posibles y el prestamista puede comprometerse a no recurrir ante los tribunales por la disposición abusiva que desaparece del préstamo.

Pero a continuación aparece la letra pequeña, que determina las condiciones que harían válida esa renegociación de las cláusulas suelo. El fallo determina que una novación tendría efecto "siempre que la renuncia [a presentar reclamaciones judiciales] proceda de un consentimiento libre e informado por parte del consumidor, extremo este que corresponde comprobar al juez nacional". Por tanto, los tribunales españoles no podrán descartar automáticamente una reclamación de cláusula suelo porque esta fuera renegociada, sino que deberán comprobar que el propio acuerdo de novación no vulneró los derechos del consumidor.

Y para ello, los magistrados europeos dan también algunas pistas al recordar que la directiva comunitaria de protección de los consumidores señala que "se considerará que una cláusula no se ha negociado individualmente cuando haya sido redactada previamente por el profesional y el consumidor no haya podido influir sobre su contenido". En otras palabras, se deberá comprobar si efectivamente el cliente financiero, que debía ser informado del carácter abusivo de la cláusula previa y por tanto de su nulidad, tenía capacidad real de modificar el contenido de la disposición novatoria antes de dar su consentimiento. Y también si entendía lo que implicaba renunciar a reclamar por las cantidades que se le habían cobrado de más en virtud de esa cláusula abusiva.

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