martes, 14 de julio de 2020

Costa Rica pierde el control de la pandemia

La covid-19 se propaga en territorio costarricense y obliga a las autoridades a endurecer las restricciones
Con el coronavirus propagándose sin freno en las zonas más pobladas del país, aumentos diarios en la cantidad de hospitalizaciones y sin jornadas con cero muertos, Costa Rica admite que perdió el control del que se ufanaba meses atrás. Para contrarrestar el empinamiento de la curva de contagios, el país ha impuesto nuevas restricciones, mientras es cada vez más evidente el golpe económico causado por la pandemia.

Ya quedaron atrás los días en que el país centroamericano se mostraba como un ejemplo del manejo de la crisis, basado en un amplio sistema de salud pública y en la disciplina que las autoridades de Salud acreditaban a la población. Puede aún mostrar cifras menores a las de la mayoría de naciones de América Latina, con un acumulado de 8.000 contagiados y 31 fallecidos, pero con elemento que alarma a las autoridades: la mitad de esos enfermos y de las muertes corresponden al mes de julio.

El crecimiento de los contagios se cuenta cada día en tres dígitos, ya no hay capacidad de seguir el rastro de las cadenas de transmisión y la cifra diaria real de nuevos enfermos podría ser el doble o el triple de la que logra diagnosticar el Gobierno, reconoció el viernes el ministro de Salud, Daniel Salas. Las autoridades dispusieron el retorno de la restricción vehicular y la suspensión temporal de permisos para sitios de atención de público, la manera en que el Gobierno de Carlos Alvarado intenta acorralar al virus.

Ahora solo está permitido circular en auto para abastecerse, por razones médicas o de trabajo. Los restaurantes pueden vender comida para llevar a casa y los bares, pero no recibir clientes. Las escuelas, hasta nuevo aviso, no impartirán clases . Las fronteras siguen cerradas para el ingreso de extranjeros. Si bien se mantiene la decisión de reabrirlas el 1º de agosto para el transporte aéreo, el ministro Salas ha repetido que todo se puede revertir según avance el coronavirus. En las calles, la mayoría de transeúntes lleva mascarilla o careta; en las casas intentan mantenerse activos los trabajadores y estudiantes que puedan. Pero nada parece suficiente.

"Es frustrante, porque hemos hecho un sacrificio grande en la economía y en la vida propia, pero parece que no está sirviendo. Y al mismo tiempo nos piden más de eso y me pregunto si es que simplemente es inevitable. Nos va a llegar [el virus]", dijo el sábado Javier Rodríguez, un agricultor de Dota, uno de los únicos dos cantones (provincias) del país (de 82) donde no se han registrado contagios. Rodríguez compraba alcohol y pan a las cinco de la tarde del sábado, hora del cierre, mientras afuera un policía de Tránsito reprendía a un conductor que no debía circular ese día, por su número de matrícula. "Tenemos miedo por lo que va a pasar", dijo.

El agricultor tenía razón, a juzgar por las mediciones de propagación del virus hechas por el Centro Centroamericano de Población, adscrito a la Universidad de Costa Rica (UCR). Los investigadores obtuvieron la "tasa R", que mide a cuántas personas contagia un solo enfermo de coronavirus y señalaron que en la primera semana de julio era la más alta de América Latina (salvo Nicaragua y Venezuela, por falta de datos fiables). "Esta tasa R=1,7 significa un potencial de duplicación cada 11 días en la cantidad de personas infectadas, lo cual es grave", señala el reporte. En abril, Costa Rica tenía la más baja de la región.

Eso puede explicar lo que pasa en la región central del país, donde vive casi la mitad de la población nacional. Hay miedo. De los barrios populosos de San José y alrededores salen a diario miles de trabajadores obligados a subirse a autobuses o a espacios sin distanciamiento e higiene suficientes. El perfil de los nuevos contagiados no está claro, más allá de las edades y zonas geográficas, pero las autoridades han reconocido que ya no son aquellas primeras personas que se infectaron durante su viaje de placer o negocios a Italia o a Estados Unidos. La pandemia parece cebarse ahora con personas que viven en estratos más bajos o incluso en la marginalidad, ya sea en fincas agrícolas cercanas a Nicaragua con alta presencia de migrantes o en las pensiones insalubres de la zona roja de la capital, San José.

Los análisis apuntan a hallazgos dolorosos para una Costa Rica que se precia de niveles de inclusión social superiores al promedio latinoamericano. La pandemia ha sacado a la superficie los aprietos de miles de hogares e incluso la miseria de personas que ni aparecen en los registros de salud ni en los censos. Es el caso de un hombre joven que el 4 de julio murió después de llegar en estado de shock al hospital San Juan de Dios, en San José; murió sin nombre y sin edad conocidas, sin más información que el dato que procedía de las "cuarterías", como se le llama a las habitaciones malsanas donde se refugian personas para no dormir en un cartón sobre la acera. Es también el caso de una mujer de 41 años que murió sin que las autoridades pudieran avisar a familiares registrados, porque no los tenía.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario