lunes, 29 de junio de 2020

Macron se sube a la "ola verde" tras la rotunda victoria de los ecologistas en las municipales

El presidente francés promete 15.000 millones de euros para fomentar una economía sostenible
Emmanuel Macron prometió durante el confinamiento reinventarse, y la reinvención empezó el lunes con una serie de propuestas para proteger el medioambiente, entre ellas la inversión de 15.000 euros para adaptar la economía a las exigencias ecológicas. El partido presidencial acaba de sufrir en las elecciones municipales la mayor derrota electoral desde su fundación. La abstención récord del 60% puede entenderse como un síntoma de la desafección política. Las municipales han dado una victoria a los ecologistas que, aliadas con formaciones de izquierdas, conquistan algunas de las mayores ciudades como Lyon, Estrasburgo y Burdeos. El presidente, con la mirada en la reelección en 2022, quiere ser a partir de ahora más ecologista y más democrático.

Macron no ha tardado en sacar conclusiones de la nefasta noche electoral para él y su partido. La presentación, ya prevista, del informe de la llamada Convención Ciudadana por el Clima le proporcionaba la ocasión. Este foro es un experimento nuevo en Francia: 150 ciudadanos elegidos por sorteo que durante nueve meses de discusiones han recibido el encargo de "definir una serie de medidas que permitan alcanzar una reducción de al menos un 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030, respecto a 1990, en un espíritu de justicia social".

El presidente recibió a los 150 en el jardín del Palacio del Elíseo y dio así por inaugurada la etapa post-covid, la de la reinvención. Y se declaró de acuerdo con 146 de las 149 propuesta de la Convención, y prometió que, desde este mismo verano, el Consejo de Ministros y el Parlamento se pondrían en marcha para traducirlas en leyes y reglamentos. También dijo que defendería en la Unión Europea las exigencias que exceden las competencias nacionales, como la supeditación de los pactos comerciales al acuerdo climático de París.

"Lo que ustedes proponen es un proyecto coherente, humanista, al cual me adhiero", dijo Macron. Pero insistió en que estas medidas no debía perjudicar el desarrollo económico. "Debemos colocar la ambición ecológica en el centro del modelo productivo", demandó. "Un modelo de decrecimiento también es un modelo de decrecimiento social", agregó.

El presidente descarta tres propuestas del foro ciudadano: la reducción de la velocidad máxima en las autopistas de 130 a 110 kilómetros por hora; la imposición de tasa del 4% a los dividendos de las empresas; y la introducción en el preámbulo de la Constitución de la preservación del medio ambiente.

La negativa a reducir la velocidad en la autopista tiene un motivo social: no irritar a los votantes de la Francia rural y periférica que necesitan el coche para trabajar. La negativa a gravar los dividendos se explica por el temor a ahuyentar las inversiones. La negativa a modificar el Preámbulo constitucional porque "amenazaría con situar la protección del medio ambiente por encima de nuestras libertades públicas, incluso de nuestras reglas democráticas". El presidente francés dio una respuesta vaga a la petición de introducir el ecocidio en el derecho penal francés.

Macron dijo contemplar un referéndum para introducir en el artículo 1 de la Constitución una mención a la "biodiversidad, el medio ambiente, la lucha contra el calentamiento climático" y también sobre algunas de las propuestas de ley. Al mismo tiempo, propuesto celebrar en el futuro nuevas convenciones como la del clima, un experimento de democrática deliberativa que surgió de la revuelta de los chalecos amarillos. Una de las quejas de este movimiento era la distancia del poder central en Francia y de los ciudadanos.

El ecologismo macronista ofrece sus primeros contornos: defensa de medio ambiente, sí, pero sin renunciar a la potencia económica ni hacer peligrar el modelo francés. El presidente francés no ha olvidado la experiencia de los chalecos amarillos, las clases medias empobrecidas en la Francia de las ciudades pequeñas y mediana que protestaba contra la reducción de la velocidad en las carreteras a 80 kilómetros por hora y contra la ecotasa al carburante. El ecologismo, en su versión, no está en absoluto reñido con el capitalismo ni con el desarrollo.

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