viernes, 26 de junio de 2020

Las madres yanomamis suplican por los cuerpos de sus bebés en Brasil

La indignación con la que se trata a los indígenas en la pandemia del covid-19 ha abierto un nuevo y atroz capítulo en la violación de los derechos de los pueblos originarios por parte del Estado brasileño
Tres mujeres viven un horror para el que será necesario inventar un nombre. Son sanömas, un grupo de la etnia yanomami, y su pueblo, Auaris, se encuentra en lo que los blancos llaman Roraima, en la frontera entre Brasil y Venezuela. No entienden la idea de frontera, para ellas solo hay una tierra, en la que no hay vallas. No hablan portugués, hablan su idioma. En mayo, estas mujeres y sus bebés fueron trasladados a Boa Vista, la capital de Roraima, con síntomas de neumonía. En los hospitales, los niños se habrían contagiado de covid-19. Y murieron. Sus pequeños cuerpos desaparecieron, posiblemente fueron enterrados en el cementerio de la ciudad. Dos de las madres tienen la enfermedad, están amontonadas en la Casa de Salud Indígena, abarrotada de infectados. Allí, corroídas por el virus, suplican por sus bebés.

Con la ayuda de varias personas, una de ellas logró enviarme un mensaje, grabado en sanöma, en el que cuenta lo que vive. Y dice: "Sufrí por tener este niño. Y estoy sufriendo. Mi gente está sufriendo. Necesito llevar el cuerpo de mi hijo a la aldea. No puedo volver sin el cuerpo de mi hijo". Escucho el mensaje antes de la traducción. No entiendo las palabras. Pero comprendo el horror. El lenguaje universal de quien está siendo arrancada del mundo de los humanos.

Ser arrancada de una aldea en el interior de la selva amazónica porque tu hijo tiene síntomas de una enfermedad, neumonía, transmitida por los primeros blancos que diezmaron la población yanomami el siglo pasado, es violencia. Pasar de ese mundo al espacio de un hospital, un hospital abarrotado debido a la covid-19, es más violencia. Que tu bebé se contagie de una segunda enfermedad, cuando estaba allí para curarse de la primera, que todavía era una hipótesis, es aún más violencia.

Y entonces ella pierde a su hijo. Cada una de ellas pierde a su hijo.

Las madres sanömas no entienden portugués. Aunque Roraima es el Estado más indígena de Brasil y casi 200 yanomamis ya se han contagiado de coronavirus, no tiene traductores para esta población. Nadie les explica nada. Las mujeres no entienden lo que dicen los blancos. Y los cuerpos de sus hijos desaparecen. Una de las líderes de la comunidad, que entiende portugués, explica que los tres bebés pueden haber sido enterrados en el cementerio. Pero no están seguros. Nadie les asegura nada, ni a ellas ni a las líderes.

El fiscal federal de Boa Vista, Alisson Marugal, envió un oficio al Distrito Sanitario Especial Indígena Yanomami para obtener información sobre el paradero de los cuerpos de los bebés. "La situación es muy complicada, especialmente con respecto a la población yanomami. Hemos tenido cuatro muertes oficiales y, en todas ellas, hemos tenido problemas. El primer caso fue el de un adolescente de 15 años. No nos atendieron bien, nos daban poca información o contradictoria, y también estamos investigando si hubo falta de asistencia médica", asegura. "El caso de los bebés sanömas se está empezando a investigar ahora. No sabemos si se diagnosticó covid-19 y, de ser así, qué protocolo se aplicó y dónde fue el entierro".

Marugal asumió el cargo en plena pandemia, dice que está trabajando de lunes a lunes para enfrentar un escenario que presenta grandes desafíos. "No descarto la posibilidad de presentar, en el futuro, una acción civil pública pidiendo daños morales, no solo para los padres, sino para toda la etnia yanomami", comenta.

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