jueves, 25 de junio de 2020

El Gobierno colombiano prepara la reapertura de las playas a la espera del pico de pandemia

La curva de contagios se empina en el país, con el principal foco en la ciudad caribeña de Barranquilla
A la espera de un pico de contagios que se proyecta para agosto, las autoridades de Colombia se alistan para reabrir las playas. A pesar de que la curva de casos detectados de coronavirus se sigue empinando, con el foco de propagación más acelerado precisamente en Barranquilla, la gran urbe del Caribe, el país prepara un plan piloto para que los bañistas puedan volver a disfrutar de la arena y el agua salada así no se haya superado la pandemia.

"Estamos frente a una oportunidad de rediseñar el uso de las playas, hay unos estudios de capacidad de carga para decir cuántas personas pueden entrar", manifestó este martes el contralmirante Juan Francisco Herrera Leal, el jefe de la Dirección General Marítima nombrado por el Gobierno, en declaraciones a Caracol Radio. Las medidas ha sido acordadas desde hace más un mes en conjunto con los ministerios de Salud y de Comercio, Industria y Turismo, señaló. Sin detallar fechas concretas, apuntó que si un bañista ocupaba antes cuatro metros cuadrados, ahora debería ocupar diez para respetar las medidas de distanciamiento social y los protocolos de bioseguridad.

Las playas todavía no hacen parte de las actividades autorizadas por el Gobierno de Iván Duque, embarcado en un proceso de reactivación económica. Precisar el grado de reapertura actual requiere matices. Luego de más de dos meses de cuarentena nacional, el país pasó con la llegada de junio a una nueva fase de aislamiento que relajó el confinamiento de millones de personas. Las 43 nuevas excepciones son tan extensas que se interpretan de facto como un levantamiento de la cuarentena, pues incluyen conceptos tan amplios como las "actividades profesionales, técnicas y de servicios en general", el comercio al por mayor y al por menor, centros comerciales e incluso las peluquerías.

Duque ha insistido en que su propósito es recuperar de manera gradual la "vida productiva", más no la "vida social", con enfoques diferenciados en las regiones más golpeadas por la pandemia. El presidente sostiene que "la llave de la gradualidad" la tienen los alcaldes y gobernadores. Y en ese contexto han emergido las diferencias entre regiones en un país que es al mismo tiempo andino, amazónico, pacífico o caribeño.

Con cifras en mano, al mandatario le gusta argumentar en su programa diario sobre el coronavirus que, al compararla con otros países, la crisis está razonablemente contenida en Colombia. El país, que ha venido fortaleciendo su capacidad de detección, acumula más de 73.000 casos y 2.400 muertos en todo su territorio. Sin embargo, los nuevos casos diarios han dado un salto en la última semana, de cerca de 2.000 a cifras récords de más de 3.000 durante varias jornadas. Las muertes también han registrado incrementos, hasta un pico de 111 fallecidos el domingo. Las señales apuntan a que la famosa curva se hace cada día más empinada.

Adicionalmente, en varias de las principales ciudades se han detectado brotes más intensos que la media nacional. Hay cinco concentraciones urbanas que preocupan a las autoridades sanitarias. Bogotá, la capital andina con más de siete millones de habitantes, suma más de 21.000 casos y cerca de 500 muertos, mientras Cali, la gran urbe en el occidente del país, suma más de 5.000 positivos y más de 200 fallecidos. Junto a ellas, alarman tres ciudades caribeñas, justamente en la costa norte del país: Cartagena, Barranquilla y Soledad, estas dos últimas parte de la misma área metropolitana. En conjunto, suman más de 2,5 millones de habitantes.

Cartagena, con más de 6.000 casos y una deficiente red hospitalaria, nunca ha dejado de ser una preocupación. Pero Atlántico la ha sobrepasado como el mayor dolor de cabeza. Con aumentos más acelerados, el departamento ha escalado hasta más de 15.000 casos, unos 9.000 de ellos en Barranquilla, su capital, y otros 4.000 en la vecina Soledad. La gobernadora, Elsa Noguera, y el alcalde, Jaime Pumarejo, decidieron esta semana imponer medidas como la ley seca, el toque de queda y volver a cerrar los comercios no esenciales, después de que la ocupación de camas de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) en Barranquilla alcanzó el 90%.

Las autoridades locales y nacionales han apuntado a la indisciplina social como el principal motivo de preocupación. El pasado fin de semana, un puente festivo en Colombia, la policía tuvo que intervenir 2.280 reuniones, a pesar de que las aglomeraciones de personas siguen restringidas. "Hemos visto en algunas ciudades del país fiestas, rumbas y pachangas", señaló el propio Duque el lunes festivo en un Facebook Live. "Por supuesto, donde tengamos que aplicar medidas drásticas, lo haremos, siempre en función de contener el crecimiento exponencial de esta pandemia", advirtió el mandatario, que afronta una lluvia de críticas por el caótico "día sin IVA" del pasado viernes, cuando la primera de las tres jornadas de exención del impuesto ideadas por el Ejecutivo multiplicó las aglomeraciones en los comercios de varias ciudades. "No quisiéramos llegar allá", añadió durante la transmisión el ministro de Salud, Fernando Ruiz, "pero es muy probable que tengamos que tomar las medidas más drásticas para que exista disciplina social y que el distanciamiento físico sea real".

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