jueves, 21 de mayo de 2020

Sánchez no quiere asumir el riesgo de Italia en la desescalada

El Ejecutivo cree que Conte se ha precipitado y es mejor consolidar la desescalada
Desde el principio de la crisis del coronavirus, España ha seguido los pasos de Italia con una semana de diferencia. El cierre de los colegios, la declaración del estado de alarma, el parón de la industria... todo fue acompasado. En Italia empezó el contagio europeo. La hipótesis del Gobierno es que desde allí saltó a España en los 70 vuelos semanales que había con el país vecino hasta que se cortaron. Por eso siempre ellos movían ficha antes, pero España les seguía. Hasta ahora.

El contacto entre ambos Ejecutivos es muy fluido. Han hablado mucho a todos los niveles, político y técnico, incluidos los equipos que han preparado los respectivos planes de desescalada. Pero esta vez no van a ir de la mano. Italia ha reanudado ya casi toda actividad dentro del país y el 3 de junio abrirá las fronteras a los turistas europeos. España no piensa permitir movimientos ni siquiera internos al menos hasta finales de junio.

La presión de un sector clave en ambos países es enorme. El Gobierno italiano ha decidido arriesgar para no hundirlo más. El español no. Sanidad no tiene intenciones de permitir el movimiento entre provincias a los españoles hasta julio y apuesta por una temporada de verano que empezará tarde y estará centrada en el turismo nacional. La reapertura de fronteras no tiene ni fecha y, de hecho, se ha impuesto una cuarentena de dos semanas para personas llegadas del exterior cuando el Ejecutivo ha detectado que ya se estaban organizando algunos viajes desde el extranjero para junio. España sigue la línea más dura del sur de Europa. Y no es por casualidad.

La Moncloa ha decidido despegarse de Italia porque cree que se está precipitando, según fuentes del Ejecutivo. El presidente, Pedro Sánchez, se lo ha comentado estos días a algunos colaboradores. Está preocupado. "Italia va demasiado rápido en la desescalada; ojalá les vaya bien pero están arriesgando mucho", les ha dicho. El riesgo de un repunte resulta todavía demasiado alto en los dos países, y los datos españoles son incluso ligeramente mejores que los italianos en los últimos días. El lunes, según el registro de la OMS, hubo 256 casos nuevos en España y 451 en Italia, y 59 muertos en España por 99 en Italia. En total, España ha tenido 27.888 muertos e Italia 32.007. España tiene 47 millones de habitantes, Italia 60.

Sánchez, quien lleva semanas siendo el más inflexible de los miembros del Gobierno, ha optado por hacer caso a los técnicos que le hablan de ese riesgo de rebrote frente a algunos ministros económicos que aprietan para reabrir lo antes posible. Nadia Calviño siempre lidera esa causa, pero ante la evidencia de que el jefe del Ejecutivo no está en esa línea ya no insiste en las reuniones, según miembros del Gobierno consultados.

Giuseppe Conte, el primer ministro italiano, ha priorizado la recuperación económica incluso con la opinión en contra de algunos de sus epidemiólogos, y además ha dejado la desescalada en manos de las regiones, una decisión que Sánchez, en plena batalla con Madrid, se ha negado a tomar, precisamente para garantizar que prima el criterio de los científicos y no el económico.

Fuentes de La Moncloa insisten en que es mejor aguantar aunque la economía sufra que arriesgarse a un repunte que obligaría a volver atrás y destruiría la economía por completo, sobre todo el turismo, que es el sector que más presiona. "En Italia tienen mucha presión del sector turístico. Nosotros también, pero estamos optando por la prudencia. Ellos están asumiendo un riesgo muy alto. En el turismo te la juegas en la reputación. Nosotros queremos volver a ser un destino seguro. Y para eso no hay nada mejor que evitar una marcha atrás que destrozaría nuestra imagen", resume un miembro del Ejecutivo. "No tiene sentido jugársela por unas semanas más. Nosotros tenemos nuestro plan de desescalada y lo vamos a mantener. Tenemos que protegerlo. El mes de junio es clave. No habrá movimiento entre provincias hasta que todas pasen todas las fases. Vamos bien; no lo fastidiemos ahora. Nadie entendería que un español no pueda ir a ver a su madre en Galicia mientras un alemán puede ir a su casa en Mallorca. Eso no va pasar", señala otro miembro del Gabinete.

El presidente se molesta mucho cuando algún ministro le llega con las presiones de sus sectores para acelerar la desescalada. "Todos tenemos presiones. Estamos aquí para resistirlas. La prioridad absoluta es bajar el nivel de contagios", les llegó a decir en un Consejo de Ministros, visiblemente irritado.

Sánchez tumbó en el decreto de hibernación económica todas las excepciones que le llevaban los ministros más vinculados a sectores económicos. Y echó atrás unas guías para la reapertura que había preparado Industria. El mensaje es nítido: en caso de duda, se opta por la prudencia para evitar un rebrote.

Por eso ya muy pocos se animan a hacer llegar esas presiones al presidente, quien las recibe directamente de los empresarios con los que mantiene contacto frecuente. A todos les dice lo mismo: es mejor ir despacio y asegurar la desescalada que cometer un error fatal. Sánchez está dispuesto a endeudarse y buscar como sea la financiación para soportar a todos los sectores que se están viendo más perjudicados, y ha prorrogado los ERTE durante todo el mes de junio, el paso más importante para apuntalar la desescalada. Pero no quiere oír hablar de adelantar la salida.

Nadie ha olvidado en el Gobierno la repercusión internacional del caso del hotel H10 Costa Adeje Palace, en Tenerife, donde 800 turistas quedaron atrapados durante tres semanas al detectarse varios positivos de coronavirus. Un nuevo caso así resultaría demoledor.

Las presiones no llegan solo de los empresarios turísticos y de otros sectores, sino también directamente de Gobiernos europeos. Hay miles de alemanes, ingleses, franceses y belgas que poseen casas en propiedad en España. Pero precisamente algunos de estos países, sobre todo el Reino Unido, se hallan en plena explosión del coronavirus. Si trajeran a España un rebrote, el problema sería para el Ejecutivo de Sánchez.

"Estamos defendiendo nuestros intereses. Si hay un problema en Mallorca o en Alicante o en Málaga o en Madrid, no lo va a resolver el Gobierno alemán o el francés o el inglés. Es nuestro. Y el golpe de imagen de España podría ser definitivo. ¿Y a quién iba a culpar la oposición que ahora nos pide reabrir a toda velocidad? A nosotros, no a ningún presidente autonómico", se sincera otro miembro del Ejecutivo. "No es cuestión de cerrar el país a cal y canto. Nadie quiere eso. Todos queremos abrir. Pero hay que proteger la desescalada y, sobre todo, nuestro destino. No olvidemos que vienen 80 millones de personas todos los años", tercia otro ministro.

Los miembros del Gobierno consultados no ocultan que además del motivo de fondo, esto es, evitar un rebrote, también el explosivo ambiente político español resulta decisivo a la hora de tomar decisiones. Un error ahora sería fatal políticamente, porque la oposición está esperando a Sánchez. Todo lleva así al presidente a optar por la apuesta más conservadora en Europa. Pronto se sabrá quién acertó en la decisión más difícil: cuándo entrar en la nueva normalidad.

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