martes, 5 de mayo de 2020

Las ayudas a 4,5 millones de afectados por ERTE y autónomos evitan un colapso mayor en el empleo

La Seguridad Social pierde casi un millón de afiliados desde que comenzó la crisis del coronavirus
Marzo y abril, dos de los mejores meses para el mercado laboral español en circunstancias normales, se han convertido en una pesadilla por la epidemia provocada por el coronavirus. En ese tiempo el paro registrado ha subido en casi 600.000 personas (algo más de 300.000 en marzo y 282.291 en abril) y deja la cifra total en 3,89 millones de parados. Y la afiliación a la Seguridad Social ha perdido cerca un millón de cotizantes (casi 900.000 y 49.071, respectivamente, según las cifras divulgadas este martes por los ministerios de Trabajo y Seguridad Social.

Habrá un antes y un después del 12 y el 13 de marzo de 2020 en el mercado laboral español. Y eso es mucho decir en un país acostumbrado a vivir desplomes y rebotes en el empleo sin parangón en el mundo desarrollado en las últimas cuatro décadas. Esos días comenzó una caída de afiliación a la Seguridad Social y un incremento del paro registrado de las que no hay parangón en las series estadísticas. En solo mes y medio se ha desandado mucho de lo avanzado en los últimos años.

La reducción de afiliados se ha frenado mucho en abril si se mide lo sucedido desde el último día de marzo. La caída de cotizantes es de casi 50.000 afiliados y deja el número total en 18,4 millones. Normalmente se toman los datos medios del mes, pero dadas las circunstancias en marzo se utilizó la evolución diaria por reflejar mejor lo sucedido ya que todo comenzó a precipitarse muy entrado el mes, el día 12. Si se toman los datos medios, el hundimiento de la afiliación es de 548.093 cotizantes con empleo. Esta cifra sumada a la de marzo (243.000) tiene un resultado menor al retroceso producido con el otro sistema de medición. "La comparación de medias es engañosa en este momento", justifica el secretario de Estado de la Seguridad Social, Israel Arroyo.

Esa caída casi 50.000 afiliados (también si se toma la media) sería mucho mayor sin las medidas extraordinaria que adoptó el Gobierno poco después de decretar el estado de alarma que facilitaban a las empresas acogerse a expedientes de regulación temporal de empleo para aliviar los costes laboral (ERTE), a los trabajadores el acceso a ayudas extraordinarias y a los autónomos beneficiarse de una prestación si se veían obligados a detener su actividad o caía su facturación un 75% (siempre que siguieran dados de alta en la Seguridad Social). Esas medidas, muy similares a las que se han adoptado en casi toda Europa en esta coyuntura, llegan por ahora a unos 4,5 millones de ocupados: 3,4 millones afectados por ERTE y 1,1 millones de trabajadores por cuenta propia, según los números que maneja la Seguridad Social.

Ni los afectados por ERTE ni los autónomos que perciben la prestación cuentan en las estadísticas oficiales como parados. Se considera que tiene su actividad suspendida, por eso reciben la ayuda, y, por tanto, no buscan activamente empleo, un requisito este último imprescindible para que se considere como desocupado a un trabajador.

En lo referente al paro registrado, en abril ha subido mucho más de lo que lo ha hecho la afiliación. Esto es precisamente lo contrario de lo sucedido en marzo. Además de la explicación tradicional de que el empleo y el paro no tienen por qué tener un comportamiento exactamente inverso, hay que agregar esta vez la situación de la Administración y las decisiones adoptadas por el Gobierno. Las oficinas de empleo están cerradas, la inscripción como demandante de empleo tiene que hacerse de forma digital y los plazos administrativos están suspendidos mientras dura el estado de alarma. Esto lleva a que la inscripción de muchos despedidos en el paro se haya hecho de forma más escalonada de lo que lo fue la caída de afiliación. Así abril ha acabado con 282.291 desempleados más y ha llevado la cifra total hasta los 3,89 millones.

Pero si los ERTE y las ayudas a los autónomos han cambiado, en parte, la respuesta tradicional del mercado laboral a las caídas económicas. Lo que no ha cambiado es el perfil de las víctimas que más lo sufren: los trabajadores temporales.

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