jueves, 7 de mayo de 2020

A la caza de un nuevo brote de coronavirus en las cloacas

El análisis de aguas fecales puede alertar de nuevos contagios con semanas de antelación
El 20 de febrero, antes de que estallase en España la epidemia de coronavirus, Pedro Simón tuvo una idea alarmante. Una revista científica aseguraba que los enfermos de Covid-19 no solo expulsan virus por las vías respiratorias, sino también por sus intestinos, de forma que sus heces contienen restos del virus, incluso semanas después de haberse recuperado. Todo ese ARN viral estaría viajando por las alcantarillas hasta confluir en un punto: las centrales de tratamiento de aguas fecales ¿Estaban en peligro los trabajadores? ¿Era posible que las aguas depuradas que se reutilizan para riego estuviesen llenas de virus?

El equipo de Simón, director técnico de la Entidad de Saneamiento y Depuración de Aguas Residuales de Murcia, tardó unos días en conseguir los permisos para hacer los experimentos necesarios. El 12 de marzo, cuando Murcia apenas contaba unas decenas de casos de covid-19, comenzaron a hacer pruebas PCR en muestras de las aguas fecales que llegaban a las principales centrales de tratamiento de la región. Lo hicieron hasta el 14 de abril.

Los resultados muestran que las aguas que llegan a las centrales contienen ARN del SARS-CoV-2, pero las que salen ya depuradas están completamente limpias. Aunque no se han hecho pruebas de viabilidad, es "improbable" que el ARN viral que queda en las aguas fecales sean virus con capacidad de infectar, sino más bien fragmentos que no pueden causar enfermedad. Entonces Simón pasó de la alarma a la duda: ¿Y si el ARN del virus en las cloacas sirviese de alerta temprana ante futuros brotes?

El estudio aún preliminar que realizó Simón en colaboración con científicos del CSIC y de la Universidad de Valencia desvela que el virus estaba ahí días antes de que comenzase la epidemia generalizada. En tres municipios —Lorca, Cieza y Totana— el ARN viral aparecía en las aguas fecales hasta 16 días antes de que las autoridades sanitarias confirmasen el primer contagio.

El mismo equipo de científicos analizó muestras retrospectivas de aguas residuales de la ciudad de Valencia y sus municipios limítrofes recogidas días antes de la epidemia —conservadas en neveras a 4 grados— y otras tomadas semanas después de que esta hubiese comenzado. También en este caso se pudo detectar virus antes del primer contagio, aunque solo por un día: el 24 y el 25 de febrero, respectivamente.

"Hay estudios que muestran que los infectados expulsan fragmentos de virus en las heces hasta 42 días después de la infección", detalló Gloria Sánchez, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) y coordinadora del trabajo. Su equipo lleva años analizando la presencia de virus en alimentos y aguas.

En Valencia su equipo analizó 15 muestras tomadas en varias centrales de tratamiento de aguas fecales. La concentración de virus en aguas no tratadas aumentó rápidamente desde el 24 de febrero hasta alcanzar su máximo el 9 de marzo —con entre 100.000 y un millón de fragmentos de ARN viral en cada litro de agua— y se mantuvo así hasta el final del periodo de estudio. Lo más interesante es que el pico de concentración de virus se alcanzó 15 días antes de que llegase el pico de contagios diarios. "Creemos que este sistema puede funcionar como alerta temprana ante un posible segundo brote en unos meses; no sería una sustitución de las medidas de vigilancia epidemiológica ya establecidas, como los tests masivos, sino complementaria", remarcó la científica.

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