jueves, 16 de abril de 2020

El verano no vencerá al virus: el calor puede frenarlo, pero no lo suficiente

Un estudio oficial vincula el calor a una menor propagación de la enfermedad en España, pero muchos expertos coinciden en que la temperatura no será suficiente para detener la pandemia
Sin ningún tratamiento eficaz contra el nuevo coronavirus y sin vacuna a la vista hasta dentro de un año como pronto, una de las grandes esperanzas para acabar con la peste de la covid-19 es que el aumento de las temperaturas reduzca drásticamente la capacidad de infección del virus. Fernando Belda, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), es optimista. Su equipo acaba de encontrar los "primeros indicios de correlación" entre el frío y la propagación de la enfermedad en España. "Estamos viendo un patrón: a menor temperatura, mayor afectación", explicó. Sin embargo, los antecedentes históricos y lo que está ocurriendo en otros países apuntan a que el verano no será suficiente para detener la pandemia.

Los investigadores españoles han analizado la temperatura promedio de cada comunidad autónoma a lo largo de 14 días y el número de contagios acumulados en ese tiempo por cada 100.000 habitantes. El patrón, según explica Belda, se repite durante todo el periodo estudiado, desde el inicio del confinamiento hasta ahora. "Hay que ser muy cautelosos, porque las condiciones de humedad y de temperatura varían mucho de unas zonas geográficas a otras y, por supuesto, hay muchos más factores que influyen en la transmisión y propagación del nuevo virus", advierte la epidemióloga Cristina Linares, coautora de las investigaciones. "Pero sí existe correlación estadística", subraya.

Hace apenas una semana, un comité de las academias nacionales de ciencias de EE UU recomendó a la Casa Blanca no confiar en que el calor frene la pandemia. Los expertos advertían de que Australia e Irán, dos países con un tiempo considerado veraniego, están sufriendo una rápida propagación del virus. "Además, los otros coronavirus que causan enfermedades humanas potencialmente graves, como los virus del SARS y del MERS, no han mostrado ningún comportamiento estacional", alertaban los autores, capitaneados por el médico Harvey Fineberg, de la Universidad de Harvard.

El llamado General Invierno, el frío insoportable en las trincheras, fue el arma letal de los rusos contra las tropas de Hitler y Napoleón. En esa misma línea conceptual, el presidente estadounidense, Donald Trump, diseminó desde el primer momento la idea de una especie de General Verano que derrotaría al nuevo coronavirus. "Parece que en abril, en teoría, cuando aumentan un poco las temperaturas, desaparece milagrosamente", afirmó Trump el 10 de febrero en un mitin. Pero ya pocos esperan al General Verano.

Hay infecciones muy vinculadas al tiempo frío, como la del virus respiratorio sincitial, la causa más frecuente de neumonía en los bebés. "El SARS-CoV-2 tiene una envoltura lipídica, como el virus respiratorio sincitial, lo que debería hacerlo más sensible a los cambios en la temperatura, en la humedad relativa y en la radiación ultravioleta", argumenta el epidemiólogo Carl Heneghan, director del Centro para la Medicina Basada en la Evidencia de la Universidad de Oxford. "Lo esperable en un virus con envuelta lipídica es ver una correlación con las variables meteorológicas", razona. La gran pregunta es si esa sensibilidad será suficiente para detener la pandemia.

"Hay algunas evidencias que sugieren que el virus de la covid-19 podría transmitirse de manera menos eficiente en entornos con mayor temperatura y humedad", concede el comité de las academias estadounidenses. "Sin embargo, dada la falta de inmunidad al virus a nivel mundial, esta reducción en la eficiencia de la transmisión podría no conducir a una disminución significativa de la propagación de la enfermedad", añaden estos expertos. La viróloga española Margarita del Val, del CSIC, coincide: en una pandemia importa más el número de personas susceptibles que las oscilaciones meteorológicas.

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