lunes, 23 de marzo de 2020

Políticos en cuarentena

El virus ha impactado de lleno en la política española, que acumula un alto número de contagios
El virus que azota al planeta no discrimina ideologías ni responsabilidades. Acecha por igual al panadero y al presidente; al comunista y al ultraliberal. España es un reflejo: todos los partidos han registrado casos. En el Gobierno y en la oposición, en la izquierda y en la derecha. La enfermedad ha impactado de lleno en los representantes públicos y la política española es una de las más afectadas. Dos ministras, dos presidentes de comunidades autónomas, la mujer del presidente, el líder del tercer partido en el Congreso, expolíticos y varios diputados y senadores batallan contra el coronavirus. Varios están ingresados, otros se han curado y la mayoría ha decidido, en un ejercicio de responsabilidad, seguir trabajando.

"Espero estar superándolo. Es un virus muy testarudo". Javier Solana contesta al teléfono desde su ingreso hospitalario, en el que cumple ahora 10 días. El exsecretario general de la OTAN y exportavoz del Gobierno de Felipe González, de 77 años, es uno de los casos a los que la enfermedad ha golpeado con más fuerza. Político, físico y diplomático, quien fue Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE se recupera en planta del hospital Ramón y Cajal de Madrid después de pasar por la UCI. "Es impresionante el esfuerzo que en todas las instituciones están haciendo los trabajadores de la sanidad. Impresiona el cariño y el empeño", reflexiona con voz cansada. Como Solana, la exvicepresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (68), también está ingresada. Son los casos más graves.

Solana lucha contra la enfermedad y la soledad con el único trato de los sanitarios, porque el coronavirus impone un aislamiento que es una especie de doble dolencia. Lo hace leyendo las últimas memorias de Winston Churchill, tomando algunas notas con sus reflexiones y escuchando música en la habitación de hospital. La brutalidad de la pandemia deja casi sin palabras a los que han afrontado las más altas responsabilidades públicas. Quien dirigió la mayor alianza internacional contra la guerra reconoce el impacto que le provoca este nuevo enemigo. "Todavía no lo sé describir", admite Solana; "es verdaderamente imponente lo que está pasando". "Es un conflicto contra un enemigo que no se reconoce. Y con una capacidad de extender su maldad a unas velocidades muy rápidas. Hay que derrotarle colectivamente", razona.

Los políticos en activo añaden a la enfermedad la responsabilidad de seguir al frente de la gestión pública. La mayoría no ha dejado de trabajar, desde sus casas, con medidas de seguridad y en cuarentena. El virus ha alcanzado los más altos niveles de la Administración: ha entrado en el Consejo de Ministros y en el domicilio del presidente en La Moncloa. La mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, 45 años, dio positivo.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, lleva mascarilla y guantes en su propia casa desde que anunció su contagio el 12 de marzo, para no infectar a su pareja, el vicepresidente de Derechos Sociales, Pablo Iglesias, ni a sus tres hijos. Su enfermedad ha sido leve, como por lo general ocurre en las personas de su edad (32 años): tos seca principalmente y sin fiebre, cuentan en su entorno. El extraño comportamiento del virus se comprueba en su contagio caprichoso también en los políticos: Iglesias no resultó afectado a pesar de la convivencia con Montero. El vicepresidente está obligado, no obstante, a una cuarentena, que interrumpió dos veces, para acudir al Consejo de Ministros y comparecer en rueda de prensa en La Moncloa, pero según el Gobierno siguió precauciones.

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