martes, 24 de marzo de 2020

La especulación en el mercado bloquea la llegada de material sanitario a España

El Gobierno reparte en un día 1,5 millones de mascarillas y batas, así como 700 respiradores
Todos los colectivos que están trabajando en primera línea contra el coronavirus no cesan de suplicar equipos de protección para eludir al Covid-19. Especialmente los profesionales sanitarios, de los que casi 4.000 se han contagiado hasta el momento. También las trabajadoras de las residencias de mayores, de las que al menos el 25% tiene casos positivos, las fuerzas de seguridad del Estado, los farmacéuticos... Pero el material no termina de llegar, al menos, para cubrir toda la demanda mientras se aproxima la "gran ola" (en palabras del presidente Pedro Sánchez) que se espera a finales de esta semana. En medio, algunas comunidades que intentan hacer acopio de material, como Madrid, Valencia o Catalunya, mientras se cruzan algunas denuncias (Madrid, sobre todo) contra el Gobierno de Sánchez de falta de previsión y de bloquear los pedidos.

La realidad, sin embargo, es más compleja y tiene que ver más con lo que está ocurriendo en un mercado internacional. Por un lado, cuando en China explosionó el virus se quedó con todo el material que se fabricaba en su territorio, que es como decir que se quedó con todo. Poco después, y en previsión de lo que pudiera venir, una buena parte de los países europeos empezó a realizar pedidos a una China que tras aprovisionarse empezó a producir para el resto.

En el caso de España, el problema es, según explican fuentes empresariales, que las dos grandes distribuidoras de estos equipos en los hospitales, ubicadas en Francia y Alemania, dejaron de vender. No por motu propio, sino por orden de sus gobiernos. A primeros de marzo, con el virus azotando Italia y comenzando en España su expansión, Francia y Alemania decidieron requisar todos los productos y la producción de los mismos para evitar quedarse sin ellos cuando el Covid-19 llegará a sus territorios. Italia, abandonada, alzó la voz contra una decisión contraria al espíritu de la UE. En la reunión de los ministros de Sanidad de la UE, hubo reproches a la actitud de los gobiernos galo y alemán, que se mantuvieron en sus trece (aunque algo más flexibles). La Comisión Europea intenta frenar el sálvese quien pueda que se abre paso en muchas capitales, pero topa con un obstáculo: no tiene competencias para ello. La presidenta, Ursula von der Leyen, consiguió corregir el bloqueo de productos médicos.

Esto ha obligado a abrir el mercado a otras empresas y distribuidoras que están haciendo su agosto con el Covid-19. Multiplicando los precios de una manera desorbitada e imponiendo unas condiciones hasta ahora nunca vistas: pago por adelantado sin garantizar el plazo de entrega de la mercancía, según indican fuentes de la Administración. Y, por supuesto, un mercado negro, del que los gobiernos intentan huir como pueden. Ante esta situación y las dificultades de las comunidades en adquirir estos materiales, el Gobierno decidió el 10 de marzo centralizar la compra de bienes sanitarios, o lo que es lo mismo: unificar los encargos para acceder a grandes cantidades más rápido y a mejor precio.

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