martes, 6 de febrero de 2018

Horror por suicidios inducidos por fantasmas

La muerte, en muchas ocasiones, no llega de forma accidental o natural. Existen quienes, por error o por compasión, deciden dejar de vivir. O, para expresarlo de una forma más dramática, se quitan la vida por distintas circunstancias.
Encuadrado en ese contexto, llamativamente nuestro planeta cuenta con varias alternativas. Un sitio predilecto para aquellos colombianos (aunque la nacionalidad no es un tema excluyente) que deciden suicidarse es el Salto de Tequendama, como fue apodada una cascada que sirvió de tumba de muchísimos suicidas, que durante la primera mitad del siglo XX saltaban a sus aguas en búsqueda de la muerte. Este escalofriante lugar se encuentra cerca de la ciudad de Bogotá, capital de la nación cafetera.
La leyenda cuenta que durante 1930, e incluso en la actualidad pero en mucha menor medida, ciudadanos de Bogotá y otras regiones cercanas, pero también de países vecinos, emprendían viaje hasta la orilla de la catarata para descender en caída libre los 156 metros de altura. En ese sentido, muchas personas aseguran que elegían ir allí porque la muerte era segura y, por si fuese poco, el cadáver desaparecía por la corriente de agua, impidiendo el rescate posterior.
De todos modos, aparecen otros que buscan algo más atípico, y lo vinculan a procesos paranormales que “obligan” a tirarse cuando se merodea la zona. A la hora de brindar argumentos, vinculan la gran edificación ubicada en la montaña, justo enfrente de la cascada, que por un tiempo albergó un reconocido hotel.
Gritos, apariciones, hombres sin cabeza y extraños ruidos son algunas de las cosas que se escuchaban desde la casa que funcionó por años como hotel. Por si fuese poco, en el bar que funcionaba en el complejo se produjeron numerosas peleas y asesinatos, algo que produjo fenómenos paranormales como luchas entre fantasmas invitados o sonidos musicales.
Ante la cantidad de suicidios en esa época, las autoridades decidieron designar agentes de policía que impidieran a las personas quitarse la vida desde ese sitio. La guardia comenzaba a partir de las nueve, y su trabajo consistía en ahuyentar a quienes identificaran como posibles víctimas, así como a los cientos de turistas que se acercaban para conseguir su propia foto de algún salto. Es que la cantidad de suicidios fue tan grande que los turistas no sólo retrataban el salto sino que también en innumerables oportunidades sacaban fotos en pose a quienes posteriormente se lanzaban a la otra vida.
La situación fue tan llamativa en esa época que motivó a varios artistas a mencionar el Tequendama en algunos de sus productos. Por citar un ejemplo, el cantautor Noel Petro mencionó el fenómeno como “me voy pa’l salto mi vida, pero no es para suicidarme ni a que me tomen retratos antecito de botarme”.
El sitio, deshabitado por años, en 2014 fue acondicionado como museo, aunque no siempre se encuentra abierto al público. Allí se cuentan muchas de las historias que atraen a todos aquellos que se jactan de no tener miedo a enfrentarse en diferentes lugares a los fantasmas que, muchos aseguran, aún habitan el lugar...

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