martes, 13 de febrero de 2018

Descubren posibles referencias a los ovnis en documentos del siglo XVII

Los fenómenos ovnis no son sólo propios de nuestra época. Los objetos voladores no identificados y los fenómenos inexplicables tienen presencia a lo largo de los siglos y, en algunos casos, han llegado a documentarse en valiosos escritos o dibujos para dar cuenta de ello en tiempos posteriores.
Así, se ha localizado una de las descripciones que más sorprendió a historiadores y amantes de la ufología: la narración que hizo el cronista oficial y comisario y procurador del condado de Ampurias, Jeroni Pujades, el 30 de septiembre de 1604. En ella, el prestigioso abogado describió tres fenómenos ocurridos el mismo día, entre la zona oeste de Catalunya, el Urgell, y la ciudad de Barcelona.
En la primera descripción, Pujades describe que durante la mañana ya clara de aquel día, en la zona de las Belianes (actual municipio de la comarca de l’Urgell) “se vieron en el aire, pero muy bajos, cerca del suelo, grandes escuadrones de gente de armas que batallaban con gran furor y ruido de armas”. La explicación no detalla nada más que pueda recrearnos qué eran esos ejércitos armados que volaban en el aire a baja altura.
Algo similar se comenta en la segunda descripción del cronista, donde asegura que sobre la ciudad de Barcelona vieron sobrevolar algo así como una bandada de estorninos, pero “del grosor y negror de cuervos, pero de muchas piernas y alas como de langosta”. Una descripción que aún inquieta más que la primera, puesto que las mentes más imaginativas podrían relacionar esas supuestas aves con pequeñas naves volando en formación.
Pero siguiendo con el relato, Pujades deja testimonio que finalmente esa misma noche, cerca del monasterio de San Jerónimo de la Vall d’Hebron, se observaron “unos grandes rayos de fuego como barras muy claras”. En una época donde la proyección de la luz en forma de foco o láser no podía concebirse, ni probablemente imaginarse, describir cualquier forma de luz más allá de la natural debía ser algo muy complicado, de ahí la escueta información que Pujades da de lo acontecido aquella noche sobre el desaparecido monasterio de la montaña de la Vall d’Hebron.
Sea como fuere la percepción de lo ocurrido difiere notablemente en función de la época. Si ahora algunos podrían pensar en presencias alienígenas y batallas de seres de otros mundos en nuestro planeta, en aquella época se decantaban más por pensar en castigos divinos y reacciones celestiales. Así, el propio cronista cierra su relato encomendándose a Dios y expresando que “por su misericordia nos castigue según nuestros pecados”.
En aquella época, los fenómenos meteorológicos poco habituales “eran atribuidos frecuentemente a expresiones o castigos divinos”, explica Mariano Barriendos, profesor de Historia en la Universidad de Barcelona e investigador asociado al Institut Català de Ciències del Clima. Pero nada más lejos de la realidad, Barriendos es partidario de dar una interpretación más científica a lo acontecido en estos casos, como “algún tipo de tormenta eléctrica con fenómenos a baja altitud, en el caso de la ‘batalla de las Belianes’, o la caída de un bólido muy tangente que dejara chispas, bolas de fuego y gases encendidos, bastante equiparable al ruido de una batalla con las descargas de artillería propias de la época moderna”.
En este sentido el historiador ejemplifica otros casos donde a la lluvia rojiza, poco habitual, se la definía como lluvias de sangre, “con efectos anímicos terribles e interpretables para la sociedad de entonces como si Jesucristo llorara sangre”.
Barriendos explica que son varios los acontecimientos como estos que se describen en algunos documentos, pero que han pasado inadvertidos por los historiadores de diferentes épocas “por miedo a ser desacreditados, por lo que no se han hecho demasiados trabajos ni difusión”.

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